22.2.09

THANK YOU TO JOHN & KERRY!!!

John Goodman creates landscapes, interiors and intimate portraits in a gestural style that oscillates between abstraction and representation.He often works with a single motif that is transformed in a succession of intensely worked canvases.Each painting resonates in the series as it elaborates and complicates the simple notion of figure or landscape.Goodman’s technique is distinguished by lush sculptural surfaces that explore the expressive plasticity of the paint. Goodman is a native Californian who lives and works in San Francisco. A self-taught painter, his work has been deeply influenced by the Bay Area Figurative Movement, especially Nathan Oliveira and the London School, in particular Frank Auerbach. His work has been shown at the Tritan Museum in Santa Clara, the Allan Stone Gallery in New York City and Elins Eagles Smith Gallery in San Francisco.

Photography by Kim Frohsin

16.01.09

Andrew Wyeth, pintor realista estadounidense, ha muerto en su domicilio de Filadelfia a la edad de 91, según ha señalado un portavoz del Museo Brandywine River. Wyeth alcanzó la celebridad como pintor de paisajes, sobre todo del Brandywine Valley, en Pennsylvania (Estados Unidos), y de la costa del Estado de Maine, en obras como Christina's World, su cuadro más famoso. Obras suyas cuelgan del Museo de Arte Moderno de Nueva York (MOMA, en sus siglas inglesas) y del Museo Metropolitano de la misma ciudad. En 1976 ingresó en la Academia de Bellas Artes de Francia. En 1988 recibió la medalla del Congreso de EEUU y en 2007 el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, le concedió la medalla nacional de las artes. El fallecimiento de Wyeth "es el fin de una era del arte americano", estimó por su parte Joyce Hill Stoner, miembro de la Fundación Andrew y Betsy Wyeth para el Arte Americano. Stoner añadió que el pintor "continuó envolviendo firmemente sus cuadros con una emoción profunda y metafórica incluso cuando era completamente anticuado en el periodo del arte pop y el expresionismo abstracto". En 2007, su cuadro Ericksons fue subastado por 10,3 millones de dólares (unos 7'7 millones de euros), una las mayores cifras jamás pagadas por la obra de un pintor contemporáneo. Además, Wyeth tuvo el honor en 1970 de ser el primer artista en tener una exposición dedicada exclusivamente a su trabajo en la Casa Blanca. En aquella ocasión, el entonces presidente Richard Nixon le describió como un hombre "que ha alcanzado el corazón de América".
Publicado en la edición digital del diario El País 16/01/2009

EL SECRETO

Andrew Wyeth, admirado por unos como uno de los grandes maestros de la pintura norteamericana de este siglo, y disminuido por otros a causa de una concepción de la pintura en la que "los personajes no llevan relojes de pulsera", ha causado un gran revuelo en el mundo del arte de Estados Unidos al revelar la existencia de una serie -completamente desconocida hasta ahora- de 246 cuadros. Casi todos tienen una sola modelo: Helga, una mujer de origen alemán, hoy madre de cuatro hijos, a quien el pintor retrató con la intensidad que le define. Andrew y Betsy Wyeth son la imagen misma de la sencillez cuando reciben a un visitante en el faro que consideran su hogar, en Southern Island, un refugio en la costa de Maine (Etados Unidos). Moreno y con buen aspecto, Wyeth, de 69 años, viste un jersei beis de marinero y unos pantalones de tela cruda, también beis. El cabello, entre rubio y plateado, lo lleva corto.Wyeth ha estado afuera pintando, toda la mañana, tal y como ha hecho cada mañana desde hace 50 años. "Soy como una prostituta", asegura riendo, "nunca estoy fuera de servicio". Mientras él habla con el periodista, Betsy, su mujer, de 64 años, bulle por los alrededores desviando las llamadas de teléfóno dirigidas a su marido. Cuando los dos posan para el fotógrafo, lo hacen con gusto. Él se arrodilla y le pide matrimonio, y ella dice: "Aquí estamos, una pareja de viejos supervivientes". Lo son, ciertamente; llevan 46 años juntos como marido y mujer. "Yo era un ladrón de cunas", admite cuando habla de la mujer que conoció cuando ella tenía tan sólo 17 años. La entrega que demuestran el uno hacia el al otro está completamente entrelazada con su devoción compartida por el trabajo de Andrew: la precisa, meticulosa y compasiva visión que ha convertido a Wyeth en un personaje adorado por los norteamericanos que visitan los museos y en un irritante anacronismo para el mundo del arte. Por eso los Wyeth se ven ahora obligados a escapar, con gracia y un sorprendente buen humor, de la tormenta publicitaria que estalló en torno suyo, a principios de este mes, a causa una serie de notas de prensa lanzadas para hacer publicidad de una exclusiva de la revista Art and Antiques. Se trataba realmente de una exclusiva. Durante 15 años, de 1970 a 1985, Wyeth trabajó en secreto en una enorme cantidad de obra: 246 piezas en total, entre las que se incluyen apuntes, estudios, dibujos, 32 acuarelas, 12 obras con brocha seca y cinco cuadros al temple. Ni siquiera su mujer estaba al corriente de la magnitud del trabajo. Además, casi todas las obra eran sobre una alemana de mediana edad a la que Wyeth identifica tan sólo como Helga, y que vivía cerca de la casa de invierno del pintor, en Chadds Ford, en el Estado de Pensilvania. El artista y la modelo se citaron en diferentes lugares a lo largo de los años, y los cuadros resultantes, muchos de ellos desnudos, están definidos por una intensidad al mismo tiempo cínica y erótica. Allí estaba el tesoro escondido de un artista mayor, el miembro más sacralizado de la dinastía reinante en el arte norteamericano, exhibiendo un vigor nuevo en el último tramo de su carrera. Pero los secretos, apilados encima de más secretos, despedían un fantástico brillo que no estaba en la pinturas, y los Wyeth, a sabiendas o no, le añadían aún más resplandor. La decisión de Andrew de proteger la identidad de Helga consiguió, además, que los sospechosos lo fueran aún más. La re vista Art and Antiques explica que cuando le preguntaron a Betsy Wyeth sobre qué trataban las obras y por qué su marido las había mantenido secretas, ella se lo pensó un buen rato y, tras una pausa, respondió: "Amor". ¿Quería decir Betsy que el artista, conocido por sus continuas e íntimas relaciones con los sujetos de sus cuadros, mantenía una relación amorosa con su modelo? ¿O tal vez Betsy hablaba así en público como parte de una elaborada estrategia para aumentar el interés de los medios de comunicación, y conseguir aumentar tanto el precio de los trabajos como la reputación y el valor artístico y la preeminencia de Wyeth? No se han producido respuestas definitivas a esta pregunta, pero la incidencia de esta historia en la imaginación popular prueba que Wyeth sigue siendo el único artista cuyo estilo y personalidad puede deslumbrar a los norteamericanos. En 1948, el cuadro Christina's World, un paisaje de Wyeth en el que se veía una granja, una colina y la torturada figura de una jovencita al pie de la colina, se convirtió en parte indeleble del vocabulario visual de Estados Unidos de la posguerra, e hizo de Wyeth, de 32 años, una estrella. Sin embargo, Christina Olson, la vecina de Wyeth en Cushing, no era ninguna niña, ya que tenía 55 años por aquel entonces; nada que ver con una delicada sílfide. Ni siquiera llegó a posar para la famosa pintura; el torso de la figura es el de su mujer, Betsy. Pero se trataba de un trabajo honesto en lo esencial, y definió el mundo de Wyeth como un lugar de grandeza fisica y dolor psíquico. Christina's World sirvió también para establecer la obsesiva fidelidad de Wyeth a la gente que pintaba. Tal como decía recientemente el artista: "Cuanto más estoy con un objeto, sea una modelo o un trozo de paisaje, más empiezo a ver lo que no apreciaba". Wyeth utilizó a Cristina y a su hermano mayor, Álvaro, como modelos, entre 1940 y 1968; a Anna y Karl Kuerner, sus vecinos en Chadds Ford, de 1948 a 1979; a la adolescente Siri Erickson, otra de las residentes de Cushing, de 1967 a 1972. Las pinturas en que aparece esta última fueron escondidas también hasta que Siri cumplió 21 años, y su aparición en 1975 fue la causa de un revuelo parecido a lo que ha sucedido ahora con las pinturas de Helga. Siri, que ahora tiene 32 años y es madre de dos niñas, no recuerda ninguna molestia ni vergüenza por haber posado desnuda para Wyeth cuando tenía 13 años. "Se concentraba totalmente en su trabajo, era como si una fuera un árbol", asegura; "es una persona corriente, normal. Pinta muy bien, pero es, simplemente, Andy". Hombre de una estudiada reserva, Wyeth se describió una vez a sí mismo como "un bastardo secreto". Destruye gran parte de su trabajo o bien pinta sobre lo ya hecho. "Algunas veces", dice, "hay cuatro o cinco cuadros debajo de la pintura". Asegura también que ha llegado a meter acuarelas en tubos de metal y luego los ha enterrado. "Pienso en el tesoro enterrado del capitán Kidd. Puede que lo encuentren y puede que no". Pero Wyeth nunca había enterrado un tesoro tan rico y por tan largo tiempo como el botín de Helga. De alguna manera, además, consiguió mantener completamente separadas a la modelo y a su mujer, a pesar de que Helga trabaja como cocinera y empleada del hogar en casa de Caroline, la hermana de Wyeth. Pero Betsy asegura que nunca visita a su cuñada. "Nunca la he conocido, nunca", dice Betsy de Helga. En mayo de 1985, Wyeth se refirió finalmente a la colección Helga en una entrevista concedida a la revista Art and Antiques. Aquel verano Betsy se reunió con su esposo en el aeropuerto de Rockland, y en el viaje hacia la casa, Wyeth le contó la historia. La noticia la sorprendió demasiado, asegura Betsy. "Es una persona muy secreta. Él no se mete en mi vida y yo tampoco en la suya, y ha valido la pena". Durante 15 años estuvo acabando y vendiendo otros cuadros a su ritmo habitual de dos o tres por año. Incluso incluyó alguna pista de la colección Helga. Algunos de sus amigos creen ahora haber visto alguna de las pinturas. Poco después de revelar la existencia de la colección a su mujer, que es su indiscutible marchante, ambos decidieron buscar un comprador que mantuviera juntas las 240 piezas restantes. Lo encontraron muy cerca. Leonard E. B. Andrews, un editor de Dallas, accedió a pagar una suma de varios millones de dólares por ella, así como por sus derechos de reproducción. Andrews describe arrebatadamente su colección como "un tesoro nacional". Thomas Howing, director de la revista Connoiseur, y uno de los empresarios más importantes en el campo de las bellas artes, proclama que la colección es "única en la historia del arte". Sin embargo, no se puede hablar de unanimidad cuando se discute la estatura de Wyeth. Algunos críticos de Manhattan lo encuentran completamente irrelevante. "La filosofía de Wyeth es de Almanaque del pobre Richard", desliza Henry Geldzahler, antiguo especialista en arte del siglo XX en el Museo Metropolitano de Nueva York. "Sus cielos no tienen rastros de humo y sus personajes no llevan relojes de pulsera". También, por supuesto, el mundo del arte hierve con especulaciones sobre lo que no está en las telas. Sus amigos debaten abiertamente sobre si Wyeth le ha sido fiel o no a su mujer. ¿Por qué mantuvo escondida la colección a su esposa? ¿Por qué esperó tanto tiempo para hacerla pública? Según el artista George Segal, "en todos los artistas existe un angustioso dilema entre querer mantener su obra en privado y querer enseñarla. Es una guerra interna. Enseñar nuevas obras es como bajarse los pantalones en público". Pero alboroto de la polémica se aquieta en el silencio que estos retratos inquietantes requieren para ser contemplados. La especulación sobre cómo fue su relación con Helga se convierte en fascinación cuando se ve el desarrollo de las ideas y las emociones en los trabajos finales. Los motivos de Wyeth se pierden en el oscuro nexo en el que la pasión se encuentra con la habilidad artesana. Helga es una chica delgada y bella que duerme; las líneas sugerentes la idealizan, y sin embargo respira juventud y posibilidades. En cuanto a los vecinos, tan seguros están de descartar cualquier acusación de infidelidad que se prestan a divertir -y divertirse- con la posibilidad de que todo sea un montaje de Wyeth. "Todo esto puede ser perfectamente un montaje", piensa Karl J. Kuerner III. Un empleado del Museo Brandywine lo llamaba "el mejor truco que jamás he visto". Los periodistas consiguieron localizar la casa de Helga y supiero que su nombre es Helga Testorf, tiene 54 años, está casada y tiene cuatro hijos y dos nietos. Fugitiva de su súbita popularidad, no pudo ser localizada. Al parecer, se encuentra muy molesta por el tumulto levantado por las pinturas, si bien "piensa que son bellísimas".
Richard Corliss
24/08/1986

6.2.09

MUSE

2009 grafito/papel 14,4 x 20,5 cm

5.2.09

THANKS TO KIM & PETRA & BARRON!!!

Just you know... you are the most talentous artist all over the world, you have changed it and there are a time before and a time after Barron Storey! Thank you Petra too for your help, attention, time, affection... and for have made it possible! And thank you very much Kim for all (and for the nice pictures). You will be always on my mind...

7.1.09

...ITS MOST IMPORTANT SHOW EVER

Los Gatos Art Museum presents its`most important show ever'
The work on exhibit at the Los Gatos Art Museum represents an artistic dialogue between East and West Coast painters, but to its organizers, it also represents a milestone. "This is the most important show we've ever done," says curator Catherine Politopoulos. "It's been a real thrill for us." The 13 artists in the show, called "Painterly Painting: The Next Level," all work loosely in abstract expressionism and have all been influenced by the Bay Area's figurative movement. "The exhibit gives people a sense of where the movements are going. It's quite expressive, quite moving. It's fabulous contemporary art," says Elke Groves, executive director for the Museums of Los Gatos. "We regard this as quite a coup that our museum has work of this caliber." The show was proposed by one of the featured artists, Siddharth Parasnis. Born in India and now living in San Francisco, his work bridges the genres, with both abstract and representational presentations of buildings and structures he has seen during his travels. Other artists in the show are Alex Kanevsky, Kim Frohsin, Nathan Oliveira, Paul Lorenz, John Goodman, Mitchell Johnson, Anthony May, Brook Temple, Dennis Hare, Suhas Bhujbal, Eduardo Alvarado and Waldemar Mitrowski. According to Groves, Los Gatos has become known for treating artists very well, and word has gotten out to the global art community, which takes a bit of the pressure off when organizing a group show.
"It's always interesting; we're used to the semi-chaotic approach to life," Groves jokes. "All the artists have been so responsive." "It's been very easy," Politopoulos says. "While [the artists] don't all know each other, they do know of each other's work. We can mix all these styles, but sometimes you have to separate artists into different zones."Several works in the show are on large canvases, while others feature a variety of media all affixed to a thick canvas. Some, such as Hare's "RoadTrip" and "Highway 5," have a variety of found objects incorporated with more traditional elements.Becoming familiar with the works in the show means discovering new elements in many pieces. "I've been looking at all the work for two weeks now, and I'm still finding new things," Politopoulos says. David Stonesifer, a local artist and museum member, has high praise for the show. "It's right up there. It's as good as it gets for this kind of art. It just gives you goose bumps," he says.

"Painterly Painting" runs through the end of February at the Los Gatos Art Museum, located at Tait and W. Main streets. A public reception is set for Jan. 11, 1-4 p.m. Museum hours are noon-4 p.m., Wednesdays through Sundays. For more information, visit www.museumsoflosgatos.org.
By Jeff Kendall-Weed, Los Gatos Weekender

2.1.09

GUSTAV KLIMT AT THE TATE

SKETCH

2006 tinta/papel 14 x 9,7 cm

28.12.08

TRES PARADAS CON BEETHOVEN. EL FRISO (Beethoven II)

Por Carmen Garrido Ortiz
Los genios se multiplicaban en aquella vorágine previa a la tragedia. Quizá la sensibilidad inherente al artista le mantenga ojo avizor sobre la proximidad de las grandes calamidades y le alerte sobre las falacias propias de los políticos y los agonizantes. El esplendor de la Viena Fin de Siècle ocultaba bajo sus faldas la inminente caída del monstruo imperial, incapaz de sostenerse ante la presencia acuciante de la modernidad. Como más tarde ocurriría en los felices veinte, el individualismo creativo, el goce por la vida y el desecho de las formas imperantes se convirtieron en características de una sociedad que se recreaba en su propia decadencia a ritmo de las polkas de Strauss. En medio de la algarada, unos cuantos hombres proféticos consiguieron burlar las normas oficiales y protocolarias, exhibiendo las fantochadas del academicismo, burla que los mismos gobernantes se encargaron de sufragar. En 1897, artistas como Antón Stara; Kolo Moser; Adolf Böhm; Maximiliam Lenz; Ernst Störh; Carl Moll o Gustav Klimt deciden situar su producción artística al margen de los cánones establecidos, creando un arte para todos desarrollado en absoluta libertad, dedicado a desnudar la verdad y a mostrar al hombre tal y como es. Los miembros de la Secession austríaca concibieron una suerte de modernidad antropocentrista que rechazaba cualquier tipo de artificio para buscar nuevos caminos en el Arte. Paradójicamente, el movimiento es apoyado desde las altas instancias, en un intento de aunar gustos dentro de un Imperio que partiría en mil pedazos el serbio Gavrilo Princip.
En 1898, los miembros de la Secession decidieron dedicar su XIV exposición a la figura de otro espléndido disidente: Ludwig van Beethoven, que había residido en Viena desde 1792 hasta su muerte. Beethoven había logrado lo que sus predecesores Haydn y Mozart no pudieron: trabajar como un artesano, a solas con su música, sin tener que rendir cuentas a los mecenas oficiales. Sin duda, esto debió inspirar a Klimt a la hora de dibujar el friso que el Museo Belvedere de Viena ha permitido reproducir en la Fundación Juan March.Gustav Klimt (Viena, 1862-1918) era un pintor formado en la Escuela de Artes y Oficios, algo que le serviría para convertir sus cuadros en tótems donde, desde el óleo hasta cualquier tipo de ornamento tenían cabida. Discípulo de Makart, éste lo introdujo en los ambientes burgueses e imperiales.
La Viena de Francisco José cambiaba a pasos agigantados y buena muestra de ello era el Ring de la ciudad, una especie de anillo en el centro de la urbe que albergaba la nueva Ópera, el Parlamento, el Ayuntamiento y la Universidad. Para esta última, Klimt y su amigo Franz Matsch reciben el encargo de pintar el techo del Aula Magna. El nuevo concepto de arte moderno vio la luz por vez primera en las áreas de la filosofía, la jurisprudencia y la medicina, cuadros que debía pintar Klimt. Sus figuras desnudas, su particular visión de la tiránica justicia o de la Medicina en relación con la muerte, lo onírico y lo erótico de su trabajo le granjearon la animadversión de autoridades y críticos. La belleza de las pinturas, la perfección de Klimt como anatomista, su concepción de la mujer como dadora de vida y, a la vez, como creadora de maldad pueden contemplarse en los dibujos y fototipos de la Fundación March.
El otrora Premio Emperador de 1890 había roto ya sus relaciones con la oficialidad cuando recibió el encargo del Friso de Beethoven, una Marsellesa de la Humanidad que condensaría, en 34 metros, las ansias del ser humano por ser feliz y la búsqueda, por parte del pintor vienés, de la modernidad en el hombre.
La primera parte del friso representa la debilidad de la familia humana y su deseo de encontrar la dicha. Klimt describió El anhelo de la felicidad como la “súplica de la pobre humanidad a un caballero armado, como fuerza externa, y a la compasión y la ambición –las dos delicadas figuras femeninas que aparecen tras el caballero- como fuerzas internas, para que le impulsen a ser paladín de la lucha por la felicidad”. Postrados ante un guerrero, comparecen una esquelética niña y una pareja –acaso la representación de Adán y Eva- desnudos, desprotegidos, humillados ante la magnificencia del hombre de la espada, un Hércules que comprende las miserias humanas e intenta redimirlas.
Pero en la lucha por llegar a la esencia de la vida, el ser humano se enfrenta al dolor y el sufrimiento, al Mal y la debacle. El infierno del llanto y la tristeza, la desesperación y la oscuridad son representadas por Klimt en Las fuerzas enemigas de una forma mitológica: en las figuras del gigante Tifeo, que vencía a los propios dioses; y de sus tres hijas: las Gorgonas. Según el poeta griego Hesíodo, Esteno, Euríales y Medusa vivían en los límites de la Noche. El cabello de las Gorgonas estaba cubierto por miles de serpientes, que salían de su cintura. En su rostro, destacaba una enorme boca de la que sobresalían dos afilados colmillos de jabalí. Pero el rasgo más característico de las tres ninfas eran los ojos, que convertían en piedra a aquellos que osasen mirarlas directamente. Las Gorgonas representan los seres que todo lo ven, que juzgan a los humanos, que les castigan por sus pecados. Una de ellas, Medusa, quedará fijada para siempre en la égida de la diosa Atenea, tras ser decapitada por el Héroe Teseo.En el friso, tras las Gorgonas, aparecen la Enfermedad, la Muerte y la Locura, los tres grandes males a los que debe enfrentarse el hombre en su batallar. A la derecha del simio Tifeo, se confunden los cuerpos de la Lujuria (en forma de una bellísima deidad pelirroja); la Impudicia y la Desmesura. Fuera de este grupo mitológico, una joven de largos cabellos negros que viste tules negros representa la Pena aguda, aquélla que atenaza el corazón tras la visita de alguno de los males ante los que el hombre puede sucumbir.
Pero, por encima de la tragedia y la desazón, connaturales a la vida, compañeras del transitar humano, vuelan los deseos y las esperanzas, que no cejan en su búsqueda de la felicidad. Una Felicidad que el hombre puede alcanzar sólo de dos maneras. Una de ellas, en vida, es a través de la Poesía. El viaje ha llegado a su fin y las ninfas de los anhelos descansan en el goce sin fin de las Artes. Los poetas, generadores de Belleza, hacen volar al alma y el espíritu se renueva tras su fatigoso tránsito por la vida.
Es en este panel donde Klimt representó el poema de Schiller en el que se inspiró Beethoven para su Himno de la Alegría. El artista dibuja el último movimiento, aquél que supuso una completa innovación en la composición sinfónica de principios del XIX. Tras la melodía, tras la aparición de la acción poética, viene un silencio, un espacio en blanco, algo nunca visto en una pintura. La visión alba del descanso de la orquesta precede al estallido del gozo: un conjunto de ángeles anticipa el coro humano que entona la espléndida estrofa de Friedrich Schiller:
A través de la bóveda celeste,
Corred, hermanos, seguid vuestra senda,
Alegres como el héroe hacia la vistoria.
¡Abrazaos, millones de seres!
¡Este beso es para el mundo entero!
Hermanos, sobre la bóveda de las estrellas
Seguramente debe habitar un Padre amado.
¿Os venís abajo, millones de seres?
Mundo, ¿presientes al Creador?
¡Búscalo por encima de las estrellas,
allí debe estar Su morada!
Y es en esa bóveda celeste, en el Paraíso, donde el hombre encuentra la segunda posibilidad para ser feliz. Por eso, el guerrero de la primera parte se desnuda y se humaniza, ovillándose en un gran beso. Así, la Mujer acuna entre sus brazos al cansado soldado, se convierte en Valhalla, en madre reproductora. El beso, que Klimt representa dentro de un útero, redime a la Humanidad de sus fracasos y le muestra la otra cara de la felicidad no terrenal: aquélla que sólo puede otorgar el Dios Creador.
Gustav Klimt terminó de pintar el Friso en 1902, justo cuando el escándalo por las pinturas para la Universidad llegaba a su cénit. Esta obra que desnuda la verdad y la muestra sin antifaces, que asombra por su belleza y desconcierta por el realismo y la crudeza de la representación del Mal, epató a los viejos académicos vieneses. Escandalizados por la visión de la desnudez, por la osadía que suponía dejar un espacio en blanco, criticaron al pintor sin miramientos. Klimt no lo soportó y en 1905, tras abandonar la Secession devolvió el dinero de aquellos encargos y se retiró de la vida pública. Entonces, apareció el retratista de lo íntimo, el pintor de inolvidables cuadros como Adele Bloch-Bauer, El beso, Las tres edades de la mujer o Vida y muerte.
Klimt había dejado ya su huella en el Arte pre-vanguardista, rompiendo los cánones establecidos. Sus pinceladas fueron puñaladas rabiosas en las puritanas y empolvadas caras de los funcionarios y burócratas que, encerrados en sus despachos de terciopelo, no barruntaron la desgracia que estallaría en 1914. El artista vienés representó los últimos movimientos de su personal orgía en un Friso paradigmático de las postreras contorsiones del imperialismo y su época dorada. Pero el gran profeta también supo avizorar que, tras la llegada de las guerras y sus locuras, el Himno de la Alegría volvería a oírse sobre los campanarios de una Europa unida.
El documento "Tres paradas con Beethoven" está guardado en el Registro Territorial de la Propiedad Intelectual de la Comunidad de Madrid, sito en la Plaza del Descubridor Diego de Ordás, 3. Madrid. Número de Expediente: 12/RTPI-006685/2008 Referencia del Documento: 12/06837.8/08 Fecha: 8 de Agosto de 2008 Firmado: Carmen Garrido Ortiz.
www.ladamadeverde.blogspot.com

5.12.08

CRITICA Y REPORTAJE

Por Ignacio Gil-Díez Usandizaga en el diario La Rioja el 04.12.08
El IRJ presenta en su sede de Muro de la Mata otra más de sus exposiciones colectivas denominada Espacio trazado y comisariada por el tándem Fuentes-Rosales. Con ella se persigue dar a conocer la obra de autores preferentemente jóvenes desde una perspectiva distinta. Ahora se ha querido emplear la obra de José Manuel Ballester (Madrid, 1960) como estímulo para mostrar la creación de 4 jóvenes artistas riojanos mediante el dibujo. Ya he comentado en otras ocasiones las limitaciones de esta sala. También he incidido en su importancia para el apoyo de las artes plásticas, aunque sea de un modo discreto.
Esta ocasión posee un denso interés pues algunos trabajos transmiten propuestas elaboradas. Destaca por su veteranía y calidad Eduardo Alvarado (Miranda, 1972), quien presenta unos dibujos llenos de intensidad y delicadeza que echamos de menos por estos pagos. Nicolás Ortigosa (Logroño, 1983), que realizó un exposición individual en la Sala Pequeña de la Escuela de Artes, ofrece dibujos compuestos de múltiples trazos que oscilan entre la expresión y la construcción con resultados interesantes. Miguel García Armentia (Logroño, 1974) aporta el conjunto más cercano a la tradición, apoyado en la representación naturalista y en un diseño bien determinado. Finalmente, Julia Matute (Vitoria, 1976), quien presentó su obra en Caja Rioja hace dos años, vuelve a acercarse a la naturaleza desde la simplicidad formal que le ha reportado su estancia en Finlandia y la proximidad al mundo del grabado.
...
La televisión de La Rioja ha dedicado un pequeño reportaje a la exposición en su magazine Impulso Rioja. Si alguien tiene interés puede verlo en los siguientes enlaces, buscando el video titulado "Impulso Rioja del 3 de diciembre de 2008 (1ª parte)" o "Impulso Rioja (03/12/08) I parte":